Sánchez ha visitado China
Pedro Sánchez viajó a China el martes 9 de abril de 2025 en un momento especialmente delicado en la política internacional. No es su primer viaje a Pekín, pero sí el más significativo: llega en plena escalada de tensiones entre China y Estados Unidos, en medio de una nueva guerra comercial impulsada por Donald Trump.
Durante su visita, Sánchez se reunió con el presidente chino, Xi Jinping, y otros altos cargos del gobierno. El objetivo principal fue reforzar las relaciones bilaterales, promover nuevas vías de inversión entre ambos países y afianzar la posición de España en el mercado asiático. Se habló de cooperación tecnológica, comercio agrícola, infraestructuras y energías renovables. También se abordó la posibilidad de que empresas chinas inviertan en sectores estratégicos en España y se facilite el acceso de productos españoles al mercado chino.
China, por su parte, recibió a Sánchez con todos los honores y dejó claro que valora positivamente su actitud dialogante. En un momento en que otros países europeos dudan o se distancian, el gesto del presidente español ha sido interpretado como un movimiento de apertura y pragmatismo.
Cómo ha visto esto Europa
La reacción en Europa ha sido desigual. Mientras algunos gobiernos consideran legítimo que España busque acuerdos bilaterales, otros han expresado preocupación por la falta de coordinación con Bruselas. La Unión Europea lleva tiempo debatiendo cómo relacionarse con China, a la que considera “socio, competidor y rival sistémico” al mismo tiempo.
Desde Bruselas no se ha criticado públicamente el viaje de Sánchez, pero sí se han deslizado mensajes sobre la necesidad de mantener una estrategia común frente a Pekín. Algunos diplomáticos europeos temen que este tipo de iniciativas individuales debiliten la posición negociadora del bloque y den a China más margen para dividir a los países miembros según sus intereses.
Aun así, otros gobiernos —como el francés o el alemán— han mantenido contactos recientes con autoridades chinas por su cuenta. Lo que hace Sánchez no es nuevo, pero sí más visible por el contexto global. Y mientras no se rompa ninguna línea roja, la UE parece dispuesta a tolerar estas maniobras por parte de los Estados miembros.
Países a favor de la visita
Entre los gobiernos que ven con buenos ojos la iniciativa española destacan:
- Alemania: Berlín ha mantenido una línea similar en los últimos años, defendiendo un enfoque equilibrado con China. Aunque reconoce los riesgos de dependencia, Alemania sigue teniendo fuertes intereses comerciales con el gigante asiático, sobre todo en el sector automovilístico y tecnológico. Valoran el gesto de Sánchez como una muestra de autonomía estratégica y una forma de mantener el diálogo abierto sin romper con la política común europea.
- Francia: París ha optado por una postura similar a la de España, aunque de forma más discreta. Emmanuel Macron ya ha viajado a China en varias ocasiones y defiende la idea de que Europa debe tratar a China desde una posición de fuerza, pero sin cerrar canales. Desde el Elíseo consideran que Sánchez ha hecho bien en moverse, siempre que lo haga con claridad y sin comprometer la unidad europea.
- Países Bajos e Italia: ambos países han mantenido contactos comerciales y diplomáticos con China sin grandes conflictos, y no han cuestionado públicamente la visita de Sánchez. En general, apoyan un enfoque pragmático donde se busquen oportunidades económicas sin renunciar a los valores europeos.
Países en contra o críticos
En el otro lado, hay países que han mostrado reticencias o directamente han dejado entrever su malestar con el viaje:
- Lituania y República Checa: ambos países han tenido choques recientes con Pekín por motivos diplomáticos, como el apoyo a Taiwán o críticas a los derechos humanos en China. Estos gobiernos son especialmente sensibles con cualquier gesto que pueda interpretarse como una “normalización” sin condiciones. Ven la visita de Sánchez como una señal ambigua que puede debilitar la postura europea frente a las prácticas autoritarias de China.
- Suecia y Dinamarca: mantienen una postura crítica hacia China en temas como el espionaje industrial, la competencia desleal y la falta de transparencia. Aunque no han criticado abiertamente a Sánchez, fuentes diplomáticas escandinavas han señalado que este tipo de viajes deberían hacerse bajo una estrategia coordinada desde Bruselas.
- Polonia: aunque no ha hecho declaraciones oficiales, su alineamiento con la política exterior estadounidense la sitúa más cerca de una visión escéptica sobre las relaciones con China. La visita de Sánchez puede interpretarse desde Varsovia como un distanciamiento del bloque atlántico.
Qué opina Estados Unidos de esto
A Washington no le ha gustado. Aunque no lo han dicho abiertamente, medios estadounidenses y analistas afines a la Casa Blanca han interpretado la visita de Sánchez como una señal de debilidad frente a China o, peor aún, como una traición al bloque occidental en plena confrontación comercial y esto es algo que podemos pagar bastante caro.
La administración Trump considera que China está jugando sucio en el terreno económico y presiona a sus aliados para que cierren filas. La estrategia de Estados Unidos pasa por aislar a Pekín con una política de aranceles, control de inversiones y restricciones tecnológicas. Cualquier país que busque acuerdos por su cuenta es visto con recelo. De hecho Trump, poco después de la toma de posesión en una conversación pública con medios dijo algo como que España era un país de los BRICS.
El hecho de que España, miembro de la OTAN y aliado histórico de EE.UU., mantenga una relación cordial con China en este contexto, complica el mensaje de fuerza que Trump quiere enviar al mundo. Y aunque no habrá consecuencias inmediatas, este tipo de gestos diplomáticos sí marcan distancias políticas.
