Ni gran movilización ni “mayoría social”. El último acto de Podemos en Aragón dejó una imagen difícil de maquillar: toda la dirección nacional se desplazó a Zaragoza para un mitin al que acudieron apenas unas pocas decenas de personas. Irene Montero, Jone Belarra y varios dirigentes se pusieron al frente de un evento pensado para relanzar al partido en la comunidad, pero el resultado fue el contrario: más caras conocidas que asistentes.
Las imágenes no tardaron en circular por redes y el comentario que más se repetía fue tan simple como demoledor: “Hay más gente en el Mercadona”. Mucho despliegue para tan poca respuesta.
Montero, ya eurodiputada, fue el principal reclamo del acto. Belarra apareció como secretaria general y María Goicoechea se presentó como candidata en Aragón. Pero la baja asistencia terminó convirtiéndose en el mensaje real del día: Podemos parece cada vez más desconectado del pulso de la calle y con una militancia reducida.
El pinchazo llega en un momento especialmente delicado para la formación. La izquierda alternativa al PSOE en Aragón llega dividida en varias listas, y dentro del propio partido el malestar se ha hecho visible. El diputado autonómico Andoni Corrales denunció haber sido apartado para imponer la candidatura, alimentando aún más la idea de un proyecto tocado por dentro.
Mientras tanto, Montero mantuvo un discurso de tono nacional —Vox, franquismo, Trump y Ayuso en el mismo saco— que para muchos sonó más a debate de redes que a mensaje centrado en Aragón. Y el contraste fue inevitable: hablar de “mayoría social” ante menos de 40 personas dejó el relato del partido en evidencia.
La escena en Zaragoza no fue solo un mal día: fue un síntoma. Y cuando un partido necesita a toda su cúpula para llenar menos que una cola de supermercado, el problema ya no es el enemigo de fuera. El problema está dentro, pero se niegan a hacer introspección.
