“Inflación” es un término que aparece con bastante frecuencia en las noticias, pero que no siempre se entiende debidamente. Es importante saber en qué consiste exactamente, cómo se produce y de qué manera nos afecta, porque es ella la responsable de que cuando vamos a comprar tengamos la sensación de que todo está cada día más caro.
Qué es la inflación
De una forma sencilla, se puede definir como el aumento generalizado y sostenido del precio de los bienes y los servicios en una economía durante un período prolongado.
Para poder hablar de inflación es fundamental que ese aumento de precios sea:
- Generalizado. Debe afectar a gran parte de los productos y servicios que se ofrecen en el mercado.
- Sostenido. Tiene que mantenerse durante meses, no basta con que sea un aumento puntual.
Por ejemplo, si un café antes costaba 1,50 € y ahora cuesta 1,65 €, eso por sí mismo no es inflación. Ahora bien, si también suben la electricidad, la ropa, el transporte, etc., y esa tendencia al alza de los precios se mantiene en el tiempo, entonces sí estamos ante un episodio inflacionista.
Cómo se mide la inflación
El punto de partida es el Índice de Precios al Consumo (IPC), que se calcula teniendo en cuenta la variación de precio de una cesta representativa de productos y servicios que suelen consumir los hogares.
Por ejemplo:
- Alimentación y bebidas no alcohólicas.
- Vivienda.
- Agua y gas.
- Transporte.
- Ocio y cultura.
- Ropa y calzado.
Dado que en cada país los hábitos de consumo son diferentes, los artículos que se incluyen dentro de esa hipotética cesta pueden variar.
Por qué se produce la inflación
Existen diferentes tipos de inflación y cada una tiene un origen diferente. En el caso de la inflación por demanda, el precio de los bienes y los servicios sube cuando la demanda que hay de los mismos en el mercado es superior a la capacidad de producción de la economía.
Si la economía de un país crece muy rápido, sus habitantes tienen mayor poder adquisitivo y desean consumir más. Si la producción no da abasto para cubrir esa demanda, los precios van a subir y es bastante probable que crezca la inflación.
Otro tipo de inflación es la asociada a los costos, que es la que hemos experimentado en los últimos años. Si suben los costes de producción, las empresas trasladan ese incremento al precio del producto final, lo que afecta al bolsillo de los consumidores.
Por ejemplo, si criar gallinas ahora es más caro porque los piensos han subido un 25%, el precio de los huevos será más elevado.
Cómo nos afecta la inflación en nuestro día a día
Si la inflación es moderada, no es necesariamente mala. Porque incentiva a gastar e invertir en lugar de guardar el dinero; permite que los salarios y los precios se ajusten sin medidas drásticas y previene la deflación (una bajada generalizada de los precios que puede paralizar la economía).
El problema aparece cuando los precios suben más rápido que los salarios y además sucede de manera imprevisible, porque esto acaba destruyendo el ahorro acumulado, frena la inversión y reduce la capacidad adquisitiva de los consumidores.
En el día a día, la inflación afecta a las personas a diferentes niveles:
Poder adquisitivo
Si los precios suben más rápido que los salarios, se pueden comprar menos productos con el mismo dinero. Es decir, baja el nivel adquisitivo.
Por ejemplo, si ganas 1.500 € y la inflación es del 6%, necesitarías 1.590 € para poder mantener tu nivel de vida.
Ahorros
El dinero ahorrado pierde valor con el paso del tiempo si no está invertido en un producto que le haga generar intereses superiores a la inflación.
De esta forma, si tienes 10.000 € ahorrados que no has invertido, y la inflación anual es del 5%, el poder adquisitivo que te otorga ese dinero acaba siendo de 9.500 €.
Deudas
Cuando la inflación sube, las condiciones de acceso al crédito se endurecen. Resulta más difícil acceder a la financiación y, en el caso de deudas con intereses variables, estos suben.
Cambios en el consumo
La subida de precio de ciertos productos como consecuencia de la inflación, puede llevar a cambios de hábitos en los consumidores. Por ejemplo, comer menos fruta a la semana o sustituir la carne por legumbres si el precio de esta última se ha encarecido demasiado.
Qué se puede hacer frente a la inflación
Como consumidor no hay mucho que se pueda hacer, lo esencial sería:
- Evitar dejar grandes sumas de dinero ahorradas sin invertir. La clave es buscar una inversión que ofrezca unos intereses por encima del nivel de inflación.
- Diversificar ingresos para no depender de una sola fuente.
- Revisar los gastos y priorizar los bienes esenciales.
La solución está en manos de los gobiernos y los bancos centrales (el BCE en el caso de la Unión Europea). Lo habitual en estos casos es subir los tipos de interés para reducir el consumo. A nivel gubernamental, las medidas más comunes son los subsidios o topes de precios cuando los precios de los productos básicos se disparan demasiado.
La inflación es una especie de termómetro que nos indica el pulso de la economía. Aunque un poco es saludable, cuando se descontrola puede dañar gravemente a los hogares, las empresas y los gobiernos. Saber qué es y qué la causa te ayudará a tomar decisiones financieras inteligentes para estar un poco más a salvo de sus efectos negativos.
